El difícil arte de sanar en el Madrid musulmán

MaimonidesMayrit, el Madrid islámico medieval, era por entonces una pequeña ciudad fronteriza de la Marca Media andalusí y, como tal, expuesta más fácilmente a los ataques enemigos. En ella existía mayor probabilidad de poder tratar graves heridas, resultado de los combates. Los cirujanos, médicos o preparadores de medicamentos, que reunían todas estas habilidades en la misma persona habitualmente, ejercieron sus conocimientos sobre los lesionados y heridos. No obstante, no todo era coser heridas de guerra, puesto que la vida cotidiana también generaba sus propias enfermedades, agravadas con la edad. Y debieron utilizar los medios y remedios que el entorno mayrití ofrecía. Incluso habría comerciantes (posiblemente estos mismos profesionales de las artes de sanar) ocupados en importar drogas imposibles de encontrar en las vegas del Manzanares o en los alrededores del arroyo de San Pedro o del Arenal. Drogas utilizadas en la elaboración de eficaces compuestos curativos.

Es muy probable que Mayrit, con gran número de guerreros entre sus habitantes, tuviese un excelente cuerpo de cirujanos militares, acostumbrados a ver de todo. Se han realizado excavaciones arqueológicas en la cuesta de la Vega y de la calle Angosta de los Mancebos que han documentado un tipo de instrumental de bronce que los arqueólogos han calificado de quirúrgico. Una de las piezas es una cucharita cóncava enmangada con decoración, de las utilizadas para limpiar cavidades orgánicas o para ahuecar huesos y cartílagos. Quizás este instrumental pertenecía a profesionales con un pie dentro del mundo del difícil arte de sanar, el barbero (al-hayyam) o el sangrador (al-fassad). Hemos de decir que en concreto el barbero, además de afeitar cráneos y barba, era capaz (pero no solamente en la civilización islámica) de ejecutar pequeñas intervenciones quirúrgicas, como extracciones de piezas dentales deterioradas o las sangrías recomendadas por los médicos.

Los médicos o sanitarios andalusíes eran muy polivalentes, pues se ocupaban de todo el ciclo del difícil arte de sanar: desde la recomendación de regímenes alimenticios adecuados y de normas higiénicas, al diagnóstico, preparación y administración de la medicación prescrita. Eran médicos, farmacéuticos, fisioterapeutas, higienistas, dietistas, cirujanos… Todo en uno.

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