El Edificio España: Una torre con dos caras

Plaza de España 1959El Edificio España, ejemplo del patrimonio arquitectónico madrileño, está de actualidad estos días por las propuestas de futuro que se están planteando. Construido entre 1948 y 1953, con una estructura de hormigón armado, novedosa en su tiempo por sus características y dimensiones, y según el proyecto de los arquitectos Joaquín y Julián Otamendi. De una altura de 117 metros y 28 plantas, a su finalización, fue considerado el rascacielos más alto de Europa. Al igual que otros grandes edificios de la Gran Vía, se proyectó como un complejo multifuncional que albergaría un centro comercial, hotel, oficinas y viviendas.

La ubicación del edificio es trascendental en la génesis de la obra arquitectónica pues constituye un hito urbano que marca la transición entre la Gran Vía y la calle de la Princesa y que, además, preside el inmenso rectángulo de la plaza de España. Para responder a tales condicionantes, se adoptó un volumen escalonado y simétrico, similar al del edificio de la Compañía Telefónica Nacional de España, erigido en 1929 a escasos metros, sobre la cota más alta de la Gran Vía. Al estar ordenada su masa en tres cuerpos escalonados, la altura de sus cuerpos laterales es similar a la de sus edificios vecinos hasta llegar casi a triplicarse en su cuerpo central, altura solamente superada posteriormente por la cercana Torre de Madrid, construida entre 1954 y 1960. Su figura domina todos los rincones de la plaza de España, asoma entre su arbolado y actúa como telón de fondo del monumento a Miguel de Cervantes.

En cuanto a su composición exterior, el edificio ofrece una doble cara por cuanto, si bien su imagen más representativa es la de la fachada que da a la plaza de España, no es nada desdeñable la más desconocida fachada posterior que emerge sobre los tejados del castizo barrio de Universidad.

La fachada a la plaza de España es lisa y uniforme. Tanto ella como su lujoso acceso principal, constituyen un destacado ejemplo de lo que se ha calificado como «arquitectura de la autarquía», es decir, la desarrollada durante el régimen franquista en el periodo de la posguerra, fundamentalmente en edificios oficiales y en bloques de viviendas y fomentada desde el poder político con la intención de crear un estilo nacional propio. Se caracterizó esta corriente por las composiciones de volúmenes simétricos, por la jerárquica ordenación de los huecos de fachada (puertas, balcones y ventanas) y por el empleo de columnas, pináculos, frontones y cornisas característicos de estilos clásicos e identificados fundamentalmente con la arquitectura dominante durante la época del Imperio español. Tal es el caso de las invariantes tomadas de las obras renacentistas de Juan de Herrera o de las portadas barrocas de Pedro de Ribera. De este modo, la imagen que ofrece el edificio a la plaza de España es la de un volumen ordenado rigurosamente en torno a un eje de simetría central en el que se aligera la inmensa mole escalonada de la fachada mediante su composición en lienzos de ladrillo visto alternados con otros de piedra artificial, siempre coronados por cornisas de granito que intentan contener la verticalidad manifiesta de su volumen y darle un aire clasicista.

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