La trastienda de Madrid

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Volverán las oscuras golondrinas a la casa de Mayor, 59…

A Madrid hay que mirarla a los ojos para descubrir sus verdades. En cambio, nos empeñamos en mirarla al ombligo, sin levantar la cabeza, y nos perdemos muchos detalles. Un ejemplo es la casa de la calle Mayor, 59, donde se encuentra la botica más anciana de la capital, la Antigua Farmacia de la Reina Madre. El inmueble se levantó retranqueado en 1913 cuando corrían tiempos modernistas y lleva la firma del madrileño Jesús Carrasco-Muñoz, el mismo que diseñó el Hotel Reina Victoria de la plaza de Santa Ana y el convento e iglesia carmelita de la plaza de España.

Pues bien, amigo lector, te propongo que cruces de acera para fijarte en un detalle muy curioso. La casa está insertada en otra finca con forma de U cuyos extremos corresponden a las casas 57 y 61, ambas idénticas y consideradas de las más estrechas de Madrid. Además, debido a la orientación norte del edificio, el arquitecto Carrasco-Muñoz tuvo la genial idea de abrir solo miradores en vez de ventanas y balcones para protegerla del frío, única casa antigua en Madrid con este acabado. Y si prestamos aún más atención descubriremos varios nidos de golondrina decorando la pared de la tercera planta. ¿Los ha descubierto?

La casa de Calderón de la Barca

Una de las casas estrechas que sobresalen es la número 61 que muestra una placa de mármol en recuerdo de Pedro Calderón de la Barca. ¡Qué paradojas destila la vida, verdad! Uno de los más grandes autores dramáticos de la historia vivió en una de las casas más pequeñas del viejo Madrid. Don Pedro nació en la capital en enero de 1600 y fue coetáneo de los grandes autores del momento como Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina o Cervantes, pero no fue vecino de ninguno, quiso vivir en este viejo barrio, cerca de Palacio, donde representó sus mejores obras. En esta casa de la calle Mayor vivió y trabajó mucho entre 1663 y 1681, año de su muerte. Entonces tenía dos plantas y otra fachada que se salvó del derribo gracias a la intervención del regidor Mesonero Romanos que estaba en todas. Menos mal. En ella escribió la mayoría de los autos sacramentales ya que había sido nombrado capellán de honor del rey y dramaturgo oficial de Palacio con dedicación exclusiva para representar obras en el Real Sitio del Buen Retiro.

Pero, en esta misma calle, hay más lugares para detener la mirada. Son las casas 56 y 54, entre modernistas y eclécticas, que forman esquina con la calle de los Milaneses, frente a la plaza de San Miguel. Las dos son del madrileño Joaquín de la Concha, de la primera década del siglo pasado, una de ellas rematada por una curiosa escultura de bronce que da lugar a múltiples interpretaciones. Fíjese bien porque la casa de Milaneses, 3, es la misma que la de Mayor, 56, y sirve para abrazar al inmueble esquinero. Son dos casas independientes pero no lo parecen.

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