Paseo histórico por el Monasterio de Valdeiglesias

10 complejo monastico, a vista de pájaroLa Comunidad de Madrid solo cuenta con un monasterio cisterciense; es el monasterio de Santa María de Valdeiglesias, en el oeste madrileño, en el término de Pelayos de la Presa, casi limítrofe con la comunidad de Castilla y León. La repoblación y reconquista sufre un empuje decisivo con la toma de Toledo (1085), con lo que el frente hacia el Tajo se empieza a consolidar. En 1150, el emperador Alfonso VII impulsa la fundación del monasterio concediendo a los benedictinos la tarea de construir una iglesia y repoblar la zona del valle de Valdeiglesias. Veintisiete años más tarde, el monasterio pasa a manos de la Orden del Císter. Hoy este monasterio está en semirruinas. Por ello, la Comunidad de Madrid está realizando trabajos de consolidación (en cabecera de la iglesia y claustro) mientras la fundación que rige la abadía (con presencia del Ayuntamiento de Pelayos) pretende, sin fecha concreta aún, abrirlo al público para visitas guiadas a esta joya desconocida del Madrid medieval.

«El gran deseo que he tenido, y tengo, de servir en algo a este monasterio de nuestra Señora de Valdeiglesias, donde tomé este santo hábito, viéndome ya en los últimos años de mi vida, y tan achacoso que no podía servir en otros oficios, tomé por asunto el componer los papeles del Archivo, porque sabía necesitaban de ello. Y así [fue] por fin el año de 1636 siendo abad el padre Claudio Enciso…»

Así se inicia el prólogo del Tumbo de Valdeyglesias , principal –y casi único– documento conservado que nos ilustra sobre la historia de dicho monasterio cisterciense. Afortunadamente este monje apócrifo trabajó todavía ocho años en recopilar todos los documentos viejos y actualizar la historia del convento desde su fundación en 1150 bajo el primer abad llamado Guillermo. Ocho años de trabajo riguroso y concienzudo, pese a su reconocimiento de que cuando lo inició ya era anciano y estaba probablemente enfermo («achacoso que no podía servir en otros oficios», señala con humildad el monje cisterciense). El Tumbo terminó de escribirse en 1644, y el apócrifo monje pudo acabar su trabajo, aunque el documento, hoy conservado en la Academia de la Historia, tiene anotaciones que llegan prácticamente hasta la desamortización de 1835, fecha de la exclaustración de los escasos monjes que aún permanecían en el convento. Como es sabido, los tumbos (libro que se tumba; libro tumbado) eran los documentos monacales en donde los monjes anotaban la historia de cada convento, las obras realizadas y su coste, así como los reyes, papas y abades significativos para la abadía. Recientemente la Academia de la Historia ha incluido el tumbo en su Biblioteca Digital (se puede consultar desde el ordenador de tu casa), a iniciativa de la Asociación Cultural Alberche-Albirka.

«Los que leyesen este dicho Tumbo hallaran algunas faltas en el estilo y modo de hablar por ser mi ingenio corto y no alcanzar más. Suplicoles las suplan [las faltas] y rueguen a Dios por mí.»

Tan delicioso reconocimiento de la incapacidad de recopilar correctamente la historia del monasterio se expresa también en el prólogo del mencionado documento. Muy al contrario, el trabajo riguroso de este monje apócrifo nos ha permitido conocer la historia del único monasterio cisterciense de la región de Madrid. Y que pasa a la orden cisterciense en el momento de mayor y más rápida expansión que se produce en Europa, de manos de los hermanos de san Bernando de Claraval .

Gracias a este monje –y a través del Tumbo– conocemos cómo se fundó el monasterio, cómo fueron los numerosos pleitos que tuvo con el comendador Álvaro de Luna (1434-1453), la importancia de una granja de su propiedad en Plasencia que les permitía hacer pan, los diversos incendios que destruyeron en varias ocasiones su iglesia y las importantes obras artísticas, algunas de las cuales aún perviven aunque bien lejos de Valdeiglesias.

Podrás leer el artículo completo en el Número 68 de Madrid Histórico.

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