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En la sede de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la calle de Alcalá, ha tenido lugar una gran exposición antológica sobre la obra del fotógrafo J. Laurent. Ha durado tres meses, terminando a finales de marzo de 2019. Su título: «La España de Laurent (1856-1886): Un paseo fotográfico por la historia».

Laurent residió más de cuarenta años en Madrid, a partir de 1843. Durante cuatro décadas fue un madrileño destacado, con iniciativa empresarial, además de tener alma de artista. De nacionalidad francesa y nombre original Jean Laurent, en España fue conocido como Juan Laurent Minier. Sin embargo, a nivel profesional, prefirió abreviar su nombre como «J. Laurent». Casi todas sus fotografías están acreditadas como «J. Laurent», o bien como «J. Laurent y Cía.» (desde 1875); excepto alguna foto temprana, de 1859, donde firmó a mano «Juan Laurent Photo».

Primero trabajó en la fabricación de papeles marmolados o jaspeados, para encuadernaciones, y en la elaboración de cajas de lujo para pastelerías. Vendiendo cajas y cajas, acabó casándose en Madrid con la viuda de un pastelero. Pero el paso al mundo fotográfico lo inició en 1855, coloreando algunos retratos, y en 1856 abriendo un estudio fotográfico en la Carrera de San Jerónimo, número 39, cerca del Congreso de los Diputados.

La galería fotográfica de Laurent tuvo gran éxito retratando toda clase de personalidades, pero además se distinguió por tomar vistas madrileñas, fuera del estudio. Casi desde sus inicios, a partir de 1856-1857, Laurent empezó a realizar vistas estereoscópicas y vistas panorámicas de Madrid. Para poder obtener los negativos de colodión húmedo, por las calles de Madrid, adquirió un carruaje-laboratorio para sensibilizar las placas en total oscuridad y después revelarlas.

Su laboratorio fotográfico de campaña no se ha conservado. Sin embargo en la exposición se ha mostrado una fiel réplica, construida basándose en cerca de treinta fotografías de Laurent en las que aparece el carruaje. El creador de la réplica ha sido Miguel Ángel Infante, especialista en utilería o atrezo e inventos escenográficos de teatro. El carruaje recreado es practicable y va a ser utilizado para sensibilizar placas de vidrio en cursos de historia de la fotografía del siglo xix, que organiza el Instituto del Patrimonio Cultural de España, como el que tendrá lugar en Nájera (La Rioja) en la primera semana de julio de 2019.

La época de mayor éxito del procedimiento del colodión coincide con el periodo de trabajo de Laurent como fotógrafo profesional. O sea, unos veintisiete años, entre 1856 y 1882. En ese tiempo, para tomar vistas fuera del estudio, Laurent y sus ayudantes tenían que transportar unos trescientos kilos de materiales fotográficos. Además de un par de cámaras y varios chasis y objetivos, eran necesarios trípodes, cajas de placas de vidrio, botellas y frascos de productos químicos, cubetas y tanques, una sombrilla, un par de embudos, un cubo de agua, y el imprescindible coche-laboratorio.

En la exposición se han mostrado tres cajas originales de madera, con ranuras al interior, para transportar negativos de vidrio de grandes formatos. Al exterior están pintadas en color negro, y rotuladas con las iniciales «J. L. y Cía.» (J. Laurent y Compañía). La caja más grande servía para transportar trece vidrios del gigantesco formato 27 x 60 centímetros. De este formato récord se conservan dos negativos panorámicos madrileños, que son vistas de la construcción del segundo depósito subterráneo del Canal de Isabel II, hacia el año 1875. También, por ejemplo, doce vistas panorámicas de ciudades de Portugal, en el año 1869. Y es que Laurent viajó por gran parte de la península ibérica, obteniendo vistas de ciudades y monumentos, y fotografiando obras de arte de museos y catedrales. Pero todos sus negativos se conservaron siempre en Madrid.

En poco más de quince años, Laurent logró a reunir un archivo con cerca de tres mil negativos de vidrio, de todos los temas. En 1872 editó un catálogo donde se reseñaban los números y títulos de todas las fotografías que entonces comercializaba de la España peninsular y el Portugal continental. Y es que Laurent nunca fotografió en Baleares ni en Canarias. En los años siguientes continuó desplazándose en ferrocarril, obteniendo nuevas vistas. Llegado el año 1879 editó un nuevo catálogo reseñando nada menos que cinco mil fotografías a la venta. Y actualmente el Instituto del Patrimonio Cultural de España conserva doce mil negativos de vidrio del siglo XIX de Laurent y sucesores.

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