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Si en la actualidad el tema del transporte público no está exento de polémicas, en el siguiente texto veremos que esta realidad no es algo reciente. Ya en el lejano 1850 los coches de alquiler se regían por una ordenanza e instrucciones que no siempre eran obedecidas. La picaresca recorría sin pudor las calles de Madrid al igual que lo hacían aquellos primitivos carruajes públicos.

En este reducido artículo se tratará de mostrar, solo referido al año 1850 —como muestra, puede ser suficiente— las similitudes, a pesar de los cambios de siglo.

Además de los más recientes enfrentamientos que, en los primeros meses de 2019, se han publicado en prensa, radio y televisión en relación con las licencias de los taxis y de las VTC, se puede añadir que el tema venía de antiguo. Así, a lo largo del año 2018 también se pudieron leer en la prensa distintos artículos relacionados con los problemas de los taxistas madrileños. Según recogía ABC el 8 de mayo, el sector del taxi se dividía ante el futuro decreto-ley que tenía previsto aprobar el Gobierno para mantener las limitaciones a las plataformas que operaran con licencias de vehículos con conductor. Por su parte, El País del 18 de junio recogía que un sector de los estos trabajadores de Madrid habían aprobado vestir de uniforme. También que, en Madrid, se iba a regular el taxi compartido y las tarifas fijas en algunos trayectos, según decía El Mundo del 13 de marzo. Asimismo, y pensando en el medio ambiente, el BOEdel 11 de mayo publicó la resolución del 18 de abril con una convocatoria de subvenciones para el fomento de la adquisición de vehículos eléctricos y de bajas emisiones destinados al servicio de taxi.

Para ver que no hay nada que realmente sea nuevo, no dejará de ser curioso remontarse y echar un vistazo a la prensa madrileña de mediados del siglo xix, exactamente al año 1850, para leer algunos bandos municipales o noticias de la prensa que ya hablaban de temas similares a estos que se publicaron en este 2018.

En los bandos, de forma oficial, se procedía a cursar órdenes a los conductores y propietarios de los coches de alquiler, para indicarles la forma en la que debían proceder, las tarifas e incluso los lugares en los que se podían estacionar y cómo hacerlo. Asimismo, también se podían leer noticias y anuncios relacionados con este ramo, haciendo referencia tanto a los carruajes como a los aurigas que los conducían y que en Madrid podían alquilar sus clientes.

Para empezar, habría que hacer referencia que, el primero de marzo de 1849, el Diario Oficial de Avisos de Madrid publicó el bando municipal del primero de este mes en el que el marqués de Santa Cruz, como alcalde de Madrid, cursaba las instrucciones para quien, en lo sucesivo, quisiera establecer servicio de carruajes en las calles y plazas del interior de la población. Se incluían las tarifas para los coches con un caballo, las cuales, dependiendo de si la carrera era de día o de noche, o si se transportaba una o más personas, oscilaban entre los cuatro y los doce reales. Para los carruajes con dos caballos y cuatro asientos, también con la diferencia de si se alquilaba por el día, a partir del anochecer o por la noche, el precio iba desde los seis hasta los catorce reales. Se advertía que en el carruaje debía aparecer colocado un cartel rubricado por el Corregimiento en el que se expresasen los precios, sin que, bajo ningún concepto, estos se pudieran alterar. Asimismo, se indicaban los lugares en los que los coches de alquiler se podían situar: la Puerta del Sol, desde la calle Carretas hasta la de Espoz y Mina; y las plazas del Progreso, de Santo Domingo, del Rey y de Isabel II. También en la inmediación de los teatros a la hora de concluir los espectáculos, y a las entradas del Salón del Prado por la calle Alcalá y Carrera de San Jerónimo, en las horas del paseo.

Podrás leer el artículo entero en Madrid Histórico 84.