Las Salas de Armas de Madrid y la educación

Desde los primeros maestros de armas, la ejecución de la espada se ligó a unas técnicas y también a unos valores: esgrimir no era sólo un ejercicio o un deporte, también conllevaba un beneficio para el cuerpo y una templanza de la mente. Formaba una manera de ser. Por ello, muy pronto se distinguió una disciplina técnica y correcta, intentando sacar adelante lo mejor de la persona, y se fue introduciendo en la enseñanza y la educación. Las salas de armas, de distintas épocas, escuelas y cuerpos (militares, públicos…) recogieron esto. Así, la esgrima se incluyó en programas docentes y también las salas de armas se vincularon a la formación y a la corrección. Ellas mismas fueron centros donde adquirir conocimiento y relaciones sociales, y actuaron también como igualador social, dotando de modales y rango social a discípulos y maestros.

El principio

Tres fueron las bases para el desarrollo de la esgrima en Madrid.

Los visigodos ya vinculaban el uso de la espada con valores; además de ser elemento de lucha, el duelo era una ordalía o juicio de Dios, el que ganaba lo hacía con la ayuda divina. Fueron especialistas en forja y orfebrería, y la vecindad Madrid-Toledo creó un importante comercio de metales y armas entre ambas.

En el año 989 Otón II sanciona y da permiso para ciertos duelos en Europa, siguiendo el acuerdo de Verona. Alfonso VI en 1085 permite en Sahagún el duelo para probar o negar el delito de homicidio, condición que después se añade al ordenamiento de Alcalá y se copia en los fueros de Castilla la Vieja. Comienza una permisividad reglada de los duelos, aunque multiplica el número de lances.

Al mudarse la monarquía a Madrid muchos caballeros vienen para formar parte de la corte. Los duelos se habían hecho habituales, y sobrevivir en la ciudad requería destreza en las armas. Aunque muchos venían del combate, empezó a solicitarse la formación con un esgrimidor avezado o un preboste.

Nobles (y caballeros con pretensiones) necesitaban portar continuamente un arma y a la par seguir su estilo de vestimenta, indicativo de posición, por lo que empezaron a demandar un elemento ligero, llevadero en cualquier ocasión. Varios artesanos, muchos de ellos conversos, vieron en la manufactura de armas una forma de vida, dado la afluencia de caballeros y la frecuencia de duelos. Aprenden y adoptan el estilo godo para la forja, que era el que se apreciaba, y se aligera para que sea un elemento más del atuendo. Surge la espada ropera, «una espada de duelo y de ceñir», que daría un giro a la práctica de la esgrima al permitir una ejecución más fina y eficaz, puesto que al pesar menos permitía llegar a más zonas del contrincante sin exponerse tanto.

Los Reyes Católicos prohibieron los desafíos o lides bajo pena de muerte, pues perdían muchos nobles, que necesitaban vivos para otros asuntos, en luchas que se podían arreglar con un juicio. Acabaron castigando la mera provocación o el duelo concertado, e incluía a padrinos, espectadores o implicados. Sin embargo, ellos mismos dieron blasón con corona real a los maestros de esgrima, reconociendo así la importancia de este gremio. Su intención era ordenar y limitar los duelos. En 1478 se crea la Academia Española de Maestros de Armas. Ello da una idea del número e importancia que tenía ya este gremio y los centros que regentaban.

Podrás leer el artículo completo en Madrid Histórico 85.

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