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El Fuero Viejo es quizás el documento más imponente de Madrid. Contiene las leyes por las que se rigió su vecindario y que permitieron el crecimiento y desarrollo de la población dentro de una adecuada convivencia social.

Fue redactado por el propio Concejo de Madrid y ratificado, no sabemos si con agrado o a la fuerza, por el rey Alfonso VIII en 1202. Comenzaba así: “El Espíritu Santo nos asista con su gracia. Aquí comienza el Libro de los Fueros de Madrid del que aquí los ricos y los pobres vivan en paz”.

Contiene 108 disposiciones o leyes y reúne las costumbres por las que se venía rigiendo el vecindario desde la Reconquista de Alfonso VI, un siglo y cuarto a trás. Engloba también los privilegios otorgados por los propios reyes hasta la fecha en que se escribe el Fuero.

Sus disposiciones se encaminan a establecer los principios de un gobierno templado y sólido, justo y reparador, cuando las circunstancias y la diversa condición de las personas lo permitan. El Concejo de Madrid, concejo abierto, se reunía a “campaña tañida” con la concurrencia de todo el vecindario y celebraba estas reuniones en un extenso corral de la parroquia de San Salvador, situado donde hoy se inicia la calle de Señores de Luzón.